viernes, 27 de agosto de 2010

Breve historia.

Breve historia

Cuando era pequeño solía tenerle miedo a la cabeza de una muñeca apresada entre un montón de troncos que servían como barrera divisoria entre la casa de mis tías y su vecina. Yo solía pasar mucho tiempo ahí y cada día evitaba quedarme solo en ese punto del patio. Realmente odiaba esa cabeza tuerta y su mirada. Podía andar por todo el extenso patio caminando de un lado a otro o escalando un montículo de piedras que tenían al fondo. Todo era genial con respecto a ese patio lleno de plantas y troncos, un niño podía imaginar cientos de cosas ahí y perderse en un mundo alterno a sus anchas, pero… aún con ello esa cabeza me asustaba.

Tenía en ese entonces una prima algo mayor que yo, que también odiaba esa cabeza y quedarse sola en su presencia, así que algunas veces juntábamos piedrecillas… y las lanzábamos contra ella para luego salir corriendo, hasta que un día mis tías ordenaron a uno de mis tíos cubrir esa cabeza con más troncos, a partir de ese momento el patio pasó a ser completamente de nosotros.
A decir verdad, nunca hubo un motivo real para tenerle miedo a esa cabeza, pero a fin de cuentas éramos solo un par de niños.

Justo ahora extraño aquellos tiempos, pero no por el hecho de haber envejecido, sino porque del otro lado del espejo… los miedos que quedan son escasos y la muerte no es uno de ellos.

Extraño estar del otro lado.

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