viernes, 6 de agosto de 2010

Espacios vacios.

Espacios vacios.

Sentado sobre el suelo rocoso, un hombre con la mirada perdida sobre un acantilado piensa un poco mientras su amigo le toca la espalada con una mano y pregunta:

-¿De nuevo ella?

-Sí –contestó el con un suspiro breve -siempre es ella.

-Pero… eso fue hace mucho tiempo ya, no es bueno seguir aferrado al pasado hermano.

-Lo se –dijo sonriendo –pero hay veces que es inevitable.

Al decir eso, su amigo notó que el miraba a su lado izquierdo como buscando a alguien que le devolviese la sonrisa tierna que tontamente había dibujado en su rostro, y entonces con un movimiento de la mano… se despidió y lo dejó ahí para volver al campamento mientras pensaba que quizás, su amigo finalmente se había vuelto loco.

-¿Sabes? –Dijo una mujer parada justo a su lado –si les contaras… creo que ellos no te creerían.

-No, no lo harían –dijo el en un tono socarrón y mirando de nuevo al acantilado –no lo harían.

En ese momento aquella mujer se sentó a su lado y tomando su mano tiernamente le dijo:

-¿Sabes? Dicen que la mente suele llenar los espacios.

-Lo se –contestó el –es gracias a eso que tu estas aquí, porque al final… mi mente ha llenado los espacios vacios.

Y con una gran sonrisa y tomados de la mano… los dos amantes rieron un momento hasta que al final se besaron.

Fin.

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