martes, 10 de agosto de 2010

Algo de filosofía barata y una historia triste.

Algo de filosofía barata y una historia triste.

Baso roto.

He visto el baso resbalar de mis manos tras la quinta botella vacía que llevaba tu nombre por registro. Le he visto romperse en fragmentos diminutos y punzocortantes como las espinas clavadas en mi pecho que aún duelen a pesar del tiempo y los excesos alcohólicos de mi ya acostumbrada ingesta nocturna. Nada tiene sentido, era solamente un baso.

Humo.

He estado fumando un cigarrillo constante desde hace un rato y viendo el humo escapar a lo lejos llevado por el viento a no se donde, y en mi imperiosa necesidad de mantener mi cabeza distraída de tu recuerdo… he pensado que el humo no escapa, solo cambia de lugar y se dispersa llevado por la corriente dejando tras de sí… el amargo sabor de su beso. Y tras este nada impresionante raciocinio o pensamiento… me he dado cuenta de cuan barata puede llegar a ser la filosofía. Lo único salvable de todo es… que creo que me distrajo al menos un momento.

Luces.

Hace un rato estuve entretenido mirando un foco titilante, y me vino a la cabeza el estado anímico del ser humano, tan capaz de apagarse o encenderse con el solo hecho de un interruptor bien apretado, y mientras yo pensaba aquello… aquel botón quedó encendido y el foco iluminaba en todos lados, pero a pesar de toda esa luz… yo seguía siendo sombra en esa calle.

Esta noche.

Esta noche ha sido de paso cansino y algo lento, tan pesada como pocas y tan infinita como muchas, los caminos están cansados de esperarme y las farolas me ignoran mientras siguen su camino pasando constantemente por mi lado. No hay lugar al cual volver ni motivo para pensarlo, todo se ha vuelto tan simple como contar los pasos y las botellas vacías baso por baso, y todo eso se ha vuelto tan simple porque... todo ello es como la cuenta de las horas sin tu mano.

Tocando a la puerta.

He llegado a casa nuevamente después de otra noche amarga, todo sigue igual en este patio donde me he sentado las tardes con las manos en el rostro pensando en todo mientras pensaba en nada y pensaba en ti. Nada ha cambiado desde la última vez, todo sigue estando igual a como lo dejaste, solo que ahora nos soy yo quien toca a la puerta, sino la soledad la que va entrando.

Fin.

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