domingo, 19 de septiembre de 2010

Fantasma nocturno.

Fantasma nocturno.

Cae la noche y la luz de la luna entra por la ventana dándole vida a mi habitación que descansa dormida más no muerta, cierro la puerta para así cerrar mis ojos y es ahí donde todo comienza.
Veo tu rostro en la cara de la luna, una sonrisa es lo que encuentro mientras un suspiro escapa a mi indiferencia haciéndome ver levemente humano y ciertamente enamorado, los recuerdos me invaden sin poder evitarlo, pues la verdad es, que te extraño demasiado, así ha sido siempre y no me siento capaz de negarlo.

Se bien que no eres real, eres solo mi imaginación proyectando un oculto deseo de volver a verte, de pie frente a la ventana, te devuelvo la sonrisa regalándote una falsa de las mías y cierro mis ojos buscando así la realidad, pensando que cuando los abra, tu ya no existirás.

Abro entonces mis ojos buscando no encontrarte, pero ahí estas, flotando a través de la ventana cual si fueses un ángel dejándose llevar por el viento, ahora estas a mi lado.

La luz de la luna te ilumina resaltando aún más tu ya acostumbrada belleza mientras ese hermoso vestido azul baila un poco al compas de tus pasos que a mi se acercan, tiemblo, tengo miedo de voltear y mirarte a los ojos, se que pasara si lo hago, pero por más que trato, no lo puedo evitar, así pues, mi cuerpo se mueve solo, volteo, mis ojos reciben a los tuyos de lleno y me pierdo en la dulzura de tu mirada color miel.

Paralizado frente a ti, solo hay una cosa en la que pienso, en el latido agudo e incesante de mi fastidioso corazón que no te olvida a pesar del tiempo y que a cada paso tuyo se acelera, quisiera arrancarlo de mi pecho y tirarlo, pero cada ves que estoy frente a ti y pienso en ello, la frase cambia, toma un nuevo rumbo encaminado a lo absurdamente poético, es decir: Quisiera arrancar el corazón de mi pecho y regalártelo en señal de amor eterno.

Pasa el transe, me encuentro de rodillas en el piso sin poder asimilar lo que sucede, levanto la mirada para encontrarme de nuevo contigo, sonríes, extiendes tú brazo ofreciéndome ayuda para ponerme en pie, no la necesito, puedo levantarme solo y lo haré, siempre ha sido así.

Me levanto, estamos frente a frente otra vez, sonríes de nuevo mientras tu mano roza tiernamente mi mejilla como lo hacia antes, puedo sentir esa leve caricia, me recuerda todo aquello que quisiera haber olvidado y no pude.

Esta noche estamos juntos de nuevo, me abrazas y en un susurro rompes este frágil silencio que nos envolvía en un ambiente algo incomodo y demasiado tenso, quisiera ignorarte pero no puedo, es imposible hacerlo una ves que mis oídos han escuchado esa dulce voz diciendo un breve pero melodioso -te quiero-.

Mi cuerpo responde a tu voz con un abrazo involuntario que dibuja un romance al cual estaba totalmente acostumbrado, así, me dejo llevar por este sueño con tintes de alucinación en el que pareciera estar completamente despierto, justo ahora es cuando te pertenezco.

Tu cabeza se recarga en mi pecho como lo hacia antes mientras yo acariciaba tu cabello, levantas un poco la mirada y te encuentras con mis ojos que han recobrado la ternura habitual con la que en el pasado te miraban, es entonces cuando mi voz es escuchada asesinando los ángeles que pasaban en ese momento y en vez de decir un simple te quiero, mi voz dice entrecortada -te amo y extrañaba con toda el alma estos momentos-, una lagrima rueda desde tus ojos por tú mejilla y termina rompiéndose como pequeños cristales al hacer contacto con el suelo, ahora lo se, ambos somos felices en este torpe pero romántico y nocturno reencuentro.

Te beso, me besas, recuerdo y recuerdas, vuelve el mar de emociones a nosotros y nos dejamos arrastrar por la marea siendo esclavos del oportuno momento de encontrarnos juntos de nuevo.

Mi mano en tu pecho, puedo sentir el palpitar de un corazón enamorado en extremo, me recuerda mucho al que yo mismo poseo, ese que quisiera arrancar de mi pecho y regalarte en señal de amor eterno.

Tomas mi mano derecha y la alejas de tu pecho para guiarla de nuevo, ahora esta sobre tu hombro descubierto mientras la izquierda se mueve lentamente hacia tu cintura, creo ser capaz de comprender lo que estamos por hacer, sí, lo comprendo, quieres bailar un poco y yo no pretendo oponerme esta noche a nada, bailemos casi abrazados entonces, seamos felices bajo la tenue luz que nos brinda amablemente la luna bella.

Un baile corto de enamorados, caricias y miradas silenciosas, tu vestido resbalando hasta llegar al piso, dos amantes en la cama entregados a un solo momento perfecto, jadeos, gritos y suspiros, sudor intenso y caricias largas, juego de gestos y palabras, amor y placer hasta caer rendidos.

Sonríes al tiempo que tus ojos se cierran y procedes a decir en voz baja pero extremadamente segura -te veré por la mañana amor mío, puedes estar seguro de ello-, te quedas a mi lado profundamente dormida mientras yo te observo, pasa una hora y me quedo dormido, te veo en mis sueños y aún no puedo creer que realmente este soñando, pues eso significaría que lo otro fue una realidad y no un sueño, pero no tengo manera de constatarlo, bien podría estar soñando en un sueño y confundir la realidad con el primero ,sin saber, que solo fue uno de los 2 sueños.

Puedo escuchar el canto matutino de los alegres pajarillos al tiempo que el sol comienza a asomarse cálidamente por los cielos, así, poco a poco se va iluminando mi habitación en la que ambos nos quedamos juntos descansando, abro mis ojos buscando encontrarte, pero no lo hago, no hay nadie durmiendo a mi lado, has desaparecido casi sin dejar rastro.

Florecen jazmines sobre la almohada en la que tu rubio cabello reposaba, el aire huele a ellos, con tu aroma ha quedado impregnada, gracias a eso se que no has sido un sueño, ambos fuimos parte de una realidad extraña, una en la que convergen humanos y fantasmas.

¿Sabes?, justo ahora tengo una teoría acerca del porque no nos vimos esta mañana, ¿Será acaso que tu noche es mi mañana y para ti mi mañana lo opuesto a la misma palabra?, bueno, no estoy seguro de si es lo correcto o no, pero en caso de que lo sea, solo diré una cosa –Te veré en mi noche tu mañana mi amada nocturna fantasma-.

Fin.

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