miércoles, 15 de septiembre de 2010

Desliz de un día.

Desliz de un día.


Día uno.

Llevo sobre el pecho las palabras planificadas y ensayadas, una despedida constante y el eco de mis pensamientos palpitantes que siempre dicen: Sonríele, es normal lo que va pasando.

He escuchado una y otra vez eso mismo en la cabeza y no comprendo, será que quizás están en lo correcto mis pensamientos, será que… debo ser yo quien ponga las cosas en su lugar.

Día dos.

Hoy tengo miedo a las imágenes que se generan de forma constante y una tras otra en mi cabeza mientras repito tu nombre al viento para liberarte, tengo miedo de cometer el error que se supone debo.

Día tres.

Silencio, todo es silencio en este lugar y al fin… estoy bien.

Día cuatro. (Tarde)

Ha vuelto la calma después de la tormenta… y mis manos están ensangrentadas mientras miro a través de una ventana sentado sobre el suelo.

Que triste es mirarte ahí, dormida.

Noche del día 4.

Sonidos y luces, ha comenzado el barullo… y ya va siendo hora de volver a casa, o más bien… de llegar a ella.

Esposas, gritos, voces llenas de ira y algunos lamentos, todo ha terminado en esta escena para ambos cariño, todo… esta como debe.

Me ponen en pie a jalones mientras alguien se guarda mi error en una bolsa sellada, y me empujan luego para sacarme mientras los flashes de las cámaras buscan mi rostro (no tengo fuerzas para mirar a nadie cielo, no tengo fuerzas para nada ahora).

Que brillante es la noche mientras las patrullas resuenan con su lamento que es apenas audible e importante en mi cabeza. ¿Qué he hecho amor? ¿Que he hecho?

Día cinco. (Cuarto blanco)

¿En donde estoy?

La memoria falla, y no logro recordar nada del día de ayer.

Dicen que es un mecanismo de autodefensa, pero… ¿de que habría de protegerme el subconsciente?

Día seis.

… soy un monstruo.


Fin.

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