martes, 16 de noviembre de 2010

Fragilidad.

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Fragilidad.


“Recuerdo tus ojos al mirarme… bajo la luna cuando las ventanas abiertas nos brindaban su luz, y tu cuerpo se estremecía desnudo y a la espera. Todo era magia, todo era… tu”.


“Y entonces… todo fue fragilidad”.

Detalles.


Solía ser lunes cuando nos tomábamos de las manos para escapar… y volvíamos de noche cubiertos de sonrisas y tiempo perfecto entre los dedos que aún no se soltaban los unos de los otros. Todo era genial.


Tus rizos solían caer hasta por debajo de tus hombros y a mi me encantaba sostenerlos entre mis dedos, en esos momentos solías sonreír de una forma tan sincera como tierna… y no podía evitar esquivarte la mirada y sonrojarme. Eras hermosa, toda una belleza que quizás jamás merecí, o supe si a caso apreciar.


Cada beso era siempre un pacto de volver a vernos… y ambos sonreíamos como tontos ante tanta felicidad. ¿Será que nuestro error fue intentar conservar ese pequeño detalle?


Nosotros.


Nosotros éramos dos niños jugando a ser adultos, crecíamos de la misma forma tonta en que crecen los soñadores, soñando… que podíamos superar a la eternidad y ser por siempre el uno del otro, pero a veces… a veces, todo es exactamente eso, un sueño.


Nos desvanecimos.

Memorias.


Hoy me recargo contra la pared y me resbalo despacio mientras la memoria juega a extenderme tu mano. No te he olvidado, no te olvidaría nunca.

Tú.


Eras, eres y serás… por siempre tú, aquella mujer que quizás… nunca debí haber conocido.

(Te extraño)



Ahora.


Sentado sobre el suelo siento nuevamente aquello, esa maldita fragilidad que jure no volver a sentir cuando te pensase.


Todo es tan burdo cuando tus manos golpean el suelo y tus lágrimas lo acarician.



He pasado los días uno a uno contándome la misma jodida historia de los amantes tontos que no supieron conservarse, de esos torpes y desesperados amantes… que se dijeron adiós sin separarse antes.


¡Malditas manos!, ¡malditas horas!, ¡maldito todo!


Lo odio.



Adiós.


Fue aquella noche cuando el viento silbó tu despedida mientras nos bordábamos el dolor en el corazón.


Mirando al techo.


¿Sabes cuantos picos tiene el techo?
Yo no, y eso que los he contado por horas cada noche desde hace 8 largos años, ahora tengo 27.


Tus manos.

Aquella vez dijiste que los vínculos profundamente arraigados jamás se olvidan… y que por lo tanto siempre me llevarías de la mano, ahora me pregunto que tan cierto sería eso.



Esta noche.


Puedo ver la luna aquí sentado mientras el cigarrillo se consume silencioso, despacio, casi como se nos consumía el tiempo aquella vez… mientras la mirábamos juntos.



Tú. (2)


Tenías ese color de ojos tan hermoso como la noche clara, ese azul tan delicado que parece convertirse en otra cosa mientras el tiempo avanza… yo amaba tus ojos, los amaba tanto.


Sonreír.


Solías decir que la clave de la vida era tener una sonrisa ante todo, y ahora quisiera ser capaz de sonreír una vez más, una vez más… como tu aquella noche mientras tus ojos exhalaban sus despedidas gota a gota.



Hoy.


Hoy es un día especial, así que encenderé otro cigarrillo.

Hoy… sería nuestro aniversario y despedida.


(Te amo)



Ese beso.


Si tan solo pudiese besarte una vez más…


El tiempo perfecto.


Estando entre tus brazos solía pensar que el reloj se hacia más lento y las horas abarcaban más sin costarnos vida en ello, solía pensar también… que si tan solo lográsemos quedarnos así… todo en la vida estaría bien. Pero estuve equivocado.


Tú. (3)


Solías abrazarme más fuerte cuando el frio de la noche amorataba tus labios y entumecía tu cuerpo, tu cabello completamente negro era tan agradable con su olor a flores… y entonces buscabas mis labios con los tuyos y ese beso robado se convertía en complicidad. Yo era feliz, no te imaginas cuanto.


El alma en la billetera.

Llevo en la billetera una foto nuestra donde estamos abrazados, no se ya cuantas veces la he tirado, pero siempre regresa a ese lugar.


Yo.
Este soy yo justo ahora, aún sin aceptar la verdad y añorando cada fragmento del pasado, este soy yo… y a veces desearía no serlo.

Nosotros.


Solía ser lunes cuando nos tomábamos de las manos para escapar… y volvíamos de noche cubiertos de sonrisas y tiempo perfecto entre los dedos que aún no se soltaban los unos de los otros. Todo era genial.


Tus rizos solían caer hasta por debajo de tus hombros y a mi me encantaba sostenerlos entre mis dedos y sentirlos como un pequeño resorte, en esos momentos solías sonreír de una forma tan sincera como tierna… y no podía evitar esquivarte la mirada y sonrojarme al tiempo que decías que toda tu eras por siempre mía y que me amabas sin igual. Eras hermosa, la más hermosa.


(Aún debes serlo)



Si tan solo pudiese estrecharte nuevamente…


Recordar es volver a morir.


Solíamos perdernos todos los lunes sin falta durante todo el día… y volver a casa por la noche sin haber hecho más nada que besarnos y abrazarnos por todas partes sin descanso, pero esa noche… esa noche todo cambió y se fue entre las sabanas bajo el encanto de tu amor.


Era tarde ya cuando nos distrajo un letrero de colores brillantes y el viento frío arreció su paso, tu te aferraste a mi como siempre solías hacerlo… y buscaste de la misma forma mis labios en ese beso cálido mientras aquel letrero parpadeaba incesante y llamando a nuestras puertas una vez tras otra como si tuviese prisa. El tiempo se detuvo y sentí tu mano tirando de la mía mientras corrías buscando una puerta y una persona, una llave y otra puerta, una cama… una cama y solo eso.


Olvidarte.


He quemado tus cartas y tus fotos, todo ha ardido entre las llamas de una estufa encendida solamente para olvidar, todo… menos la imborrable memoria de lo que fuimos, y la foto en mi cartera.


Yo. (2)


Aún sigo siendo el mismo chico, solo que ahora fumo un poco y duermo menos, pero está bien, todo está bien así.


Un cuarto de hotel con sabor a despedida.

Estabas ahí, tan emocionada como quien ha recibido la mejor noticia de su vida, con los ojos llenos de vida y la sonrisa amplia, como una niña emocionada que espera ansiosa por un abrazo. Te acercaste despacio y sin decir palabra, tomaste mi mano sin más… y me miraste con esa ternura de quien confía y ama, entonces lo entendí.


El cuarto estaba fresco mientras me llevabas de la mano nuevamente y te sentabas a mi lado sobre aquel colchón con sus sabanas blancas. Era hora de volver a casa, pero esa noche… nuestro hogar estaba ahí.


Te tomé entre los brazos despacio cuidando de todo para no lastimarte mientras tus labios se hacían tormenta contra los míos. Amé tu blanca piel mientras aquella blusa resbalaba dejando desnudos tus hombros los cuales bese a plena luz de luna bordeando por tu cuello. Te recosté suavemente sobre la cama mientras desabotonabas con prisa mi camisa y…



Luz de luna.


A través de estos ventanales… la luna se mira exacto como aquella noche, es por eso que ahora estoy de pie frente a ellos recordándote por completo.


(Sin tan solo pudiese regresar…)


Un cuarto de hotel con sabor a… bla bla bla.

… el tiempo fue lento entre tus brazos mientras nos hacíamos uno bajo las sabanas. Recuerdo tu rostro y esas lágrimas de felicidad que se escapaban mientras me abrazabas con fuerza y decías que ese momento valdría toda una vida entre nosotros…


El momento se fue.



Recuerdos.


Me pregunto cuantas veces puede morirse uno en esta vida si a veces recordar es volver a morir, yo he muerto mínimo una vez cada día desde entonces, quizás inclusive hoy… ni siquiera este con vida.


Este cuarto vacio.

Sucede que a veces cuando entro a mi habitación… la luz de la luna que entra por la ventana me da la sensación de estar ahí de nuevo, en esa noche cuando tuve un hogar y no solo una casa. Sucede a veces… que la cortina se mueve despacio mecida por el viento, y al mirar la cama… juraría que puedo verte ahí recostada y a la espera, con tus ojos mirándome fijamente y una sonrisa en los labios. Pero nunca es así, este cuarto siempre será el mismo cuarto vacío.


Aquel cuarto… lleno de nosotros dos.


Estabas ahí tendida sobre la cama mientras yo miraba la luna a través de la ventana. Tus ojos me miraban fijamente mientras sonreías y me llamabas de vuelta a tu lado.


Recuerdo tus pechos blancos casi platinados ante la luz de la luna que se filtraba por entre las cortinas, eran las 2:00 am. Y todo estaba silencioso, yo podía escuchar tu suave respiración. El ambiente se sentía en calma mientras pensaba en la forma más correcta de pedirte que jamás escapases de mi lado, pero a veces el humano hace cosas innecesarias… y al mismo tiempo inútiles.


Interrumpiste mis pensamientos con un ademan tranquilo con el que me invitabas de nuevo a tu lado moviendo las sabanas y haciéndome un espacio. Acepté tu invitación sin dudarlo. En ese momento te abrazaste a mí con un brazo y una pierna… y me preguntaste nuevamente si te amaba. La respuesta fue un rotundo sí. Te quedaste dormida al poco rato.


Recuerdo el número de lunares en tu espalda, eran un total de 12, uno de ellos sobre el omoplato derecho, el cual bese despacio mientras dormías, 3 de ellos casi que formando un triangulo del lado izquierdo de la columna un poco por debajo de la zona media… y así podría describirte el resto aún después de estos años de no verte. Simplemente… no se olvidar ni los detalles.


Aquel cuarto… sin más nosotros.


6:00 am. Salí corriendo a buscarte por las calles, ya no estabas más, habías desaparecido de mi vida sin decir ni una palabra, todo lo que habíamos sido… no existía más.
Estuve perdido durante el resto de ese día sin saber a donde ir o que hacer, estuve… en el limbo, quizás así fue como llegue a casa y por ello no supe más de mí hasta el siguiente amanecer.

Acerca de mí.


¿Te has preguntado que es de mí ahora?, te lo diré quizás después.


Última palabras.


Tu casa estaba desierta al día siguiente, todo había desaparecido, todo lo que ame… se había reducido a la nada.


Esa tarde… una mujer llamo al móvil inesperadamente para decirme que la cuenta del hotel había sido saldada y que una joven había dejado una nota que debía entregarme. Salí de prisa a su encuentro.


Al llegar a ese lugar la mujer me miró con cierta lastima, ahora comprendo el porque, pero ella jamás sabría que su nivel de lastima… es inferior del que pudo haber llegado a ser.

Esta era tu nota:


“Recuerdo tus ojos al mirarme… bajo la luna cuando las ventanas abiertas nos brindaban su luz, y tu cuerpo se estremecía desnudo y a la espera. Todo era magia, todo era… tu”.


“Y entonces… todo fue fragilidad”.


Creo que ahora entiendo todo.


Esto es lo que soy. (Yo. 3)


Soy el mismo infeliz de aquella vez, el mismo chico torpe que ha esperado volver a verte a pesar de todo, el mismo chico que aún te reserva un lugar en su vida… y que conserva aún consigo el anillo que esa noche debía cambiarlo todo.



Porque a veces las palabras sobran.


Fin.