domingo, 12 de diciembre de 2010

Adán y Eva según Román.

Adán y Eva según Román.

Después de un buen rato solo, caminando sin rumbo y buscando nada, Adán en su intenso aburrimiento decidió sentarse a la sombra de un árbol a contemplar un hermoso atardecer en las dunas de un desierto, pero ni siquiera eso pudo alegrarlo.

Aunque lo tenía todo para el… el no era feliz, se sentía vacío y solo. El paraíso era increíble, pero para el ya había perdido lo interesante. Aunque se llevaba bien con los animales… el ya no hacia nada por hablar con ellos, y ellos lo habían notado, pero no podían hacer nada. Adán… se había encerrado.

Tras un largo tiempo sin comer, dormir o morir… al fin Adán se decidió a salir. Vagó por su aburrido mundo un rato mientras pensaba en aquello que se había convertido en su faltante… cuando a su mente llegó de golpe una respuesta. Una y solamente una.

Salió del mar y comenzó a correr, corrió a través de espesos bosques e inmensos campos hasta llegar a una montaña fría y blanca, trepó hasta la cima, y ahí, ahí grito con emoción su petición a dios.


-Dame una pareja –dijo Adán –todos los animales tienen una señor, y yo que lo he estado meditando… me doy cuenta de que yo también estoy necesitando una, que necesito a alguien que me entienda, alguien con quien compartir mi vida y la dicha de este paraíso, alguien… que me haga más feliz de lo que nunca he sido.


Al escuchar estas palabras en tan humilde y sentida petición… Dios respondió a Adán con la calma de un padre.


-Hijo mío, has encontrado al fin tu respuesta y tu modo de vida, no hay un el sin una ella… y me enorgullece que al fin lo comprendas. Espérame mañana bajo el árbol en las dunas, ahí te daré tu recompensa.


Tras escuchar estas palabras… Adán salió corriendo cuesta abajo con alegría en el rostro y una nueva luz en la mirada, Adán… era feliz.

El tiempo pasó lentamente para un Adán expectante y deseoso, los segundos se volvieron minutos y los minutos tormentosas horas de silenciosa espera, así pues pasó el día despacio entre suspiros… y la noche lenta entre pensamientos y sonrisas.

A la mañana siguiente todo seguía igual, nada había cambiado en absoluto, Adán aún esperaba ahí sentado por la recompensa prometida por su padre, pero al parecer… Dios se había olvidado.
Pasaron unas cuantas horas más con un Adán caminando de lado a lado bajo la sombra de aquel árbol… cuando de pronto a lo lejos comenzó a vislumbrarse algo. Era una figura de trazos finos y perfectos, se miraba hermosa contra la puesta de sol, era perfecta, inclusive más de lo que Adán en algún momento había imaginado. El tiempo se detuvo.


-Hijo mío –dijo una voz serena desde algún lugar en el cielo –su nombre es Eva y será tu esposa, son obvias las diferencias físicas en ella con respecto a ti y tu figura, pero eso se debe a que ella en todo aspecto te complementa.
Deberás cuidarla porque yo te lo encargo, y así mismo ella habrá de cuidarte porque yo se lo he pedido, harán juntos la mejor pareja porque no hay un el sin una ella, de eso, estoy completamente seguro.


Tras decir esto aquella voz se apago al instante dejando solos a los dos desconocidos.
Eva dio un paso adelante y estrechando la mano de Adán le dijo:


-Esta soy yo y será por siempre un gusto, aquí no hay un uno sin un dos.


En ese instante Adán tomó a Eva de la mano... y con una sonrisa en el rostro la beso.


-Sí, eso es verdad bonita, ya no hay un uno sin un dos, la espera ha valido la pena, ahora jamás me alejare de vos, esa será desde ahora mi promesa.


Así pues quedó sellado que para existir uno existirán los dos, así pues van en la vida tomados de la mano, todo quedo ahí y no ha cambiado, Adán y Eva… siguen juntos caminando.


Fin.

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