domingo, 12 de diciembre de 2010

Filosofía de la muerte.

Filosofía de la muerte.

Con una burlona sonrisa, la muerte recibió a su invitado. Esta fue su primera pregunta:

-¿Cómo es que alguien como tú se ha muerto tan rápido?

-Veras –contestó el joven con desagrado –he sido un completo imbécil, y en un descuido… me morí, es así de simple.

La muerte dio tres pasos al frente y con un ademan le invito a seguir su historia.

-Sucede que soy del tipo de persona difícil y de pocos amigos que no gusta de nada ni nadie cerca, es decir… soy un solitario muy feliz, o más bien…lo era.

-¿Y entonces…?

-Entonces llegó ella y todo se fue al demonio, ya sabes, las cosas pasan –sonrió.
-Las cosas… sí, creo que sí, pero, ¿que cosas pasaron?

-Las de siempre, todo y nada, tu sabes.

-No, no lo se, pero supongo que fue algo así como “la conocí, me embobe, hice tonterías, quise cambiar, me esforcé y zas, me atropello un camión” ¿no es así?

-Sí, de hecho fue exactamente así –dijo el chico con una mirada de sorpresa.

-Claro que fue así muchacho, después de todo soy la muerte y lo he visto.

-Pero… y si sabias ya todo eso… ¿Por qué querías que yo te lo contara?

-Simple, el trabajo es aburrido, es más interesante cuando las personas como tú lo cuentan, porque entonces le ponen sentimiento, gestos, vida.

-Maldito sádico.

-Torpe enamorado.

En ese momento el muchacho desvió la mirada y mirando al piso le preguntó:

-¿Qué será de mí ahora?

-¿Qué se yo? –Contestó la muerte –mí único trabajo es ir a recogerlos cuando el momento llega y guiarlos hasta aquí, mi única diversión es mirarlos contarme sus relatos, mí único placer es verles sufrir, lo demás… no me es interesante.


Fin.

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