sábado, 8 de enero de 2011

Acerca de la vida y los excesos.

Acerca de la vida y los excesos.

“Sucede que a veces uno mira la realidad solamente como un manto de tela único sin un trasfondo, pero la verdad es que todo tiene un trasfondo, y de hecho a veces no es uno solo, sino muchos que se agrupan de una forma incomoda y a veces casi inimaginable, así pues… uno puede culpar de todo a su propia forma de vida.”

I.-El hombre del traje blanco.

Yo era una de esas personas poco creyentes en el amor y los sucesos inexplicables, un escéptico si así me quieren llamar, pero ese día cambió mi vida. Ese día yo iba llegando apenas a las puertas de mi casa cuando la vi ahí, tirada en una de las esquinas, rota, vencida, borracha. La tomé entre mis brazos despacio y la levante para llevarla dentro, ella no hizo ni un solo ruido. Las puertas se abrieron con un rechinido leve y yo proseguí hacia su interior. Las luces estaban encendidas como si alguien ya estuviese dentro y me esperase, entonces mire en busca de respuestas… y solo encontré el humo asqueroso de un cigarrillo.
-¿Quién es ella?- preguntó un hombre.
Era sábado por la noche y el calor era insoportable, y sin embargo… el tipo iba de traje blanco con todo y chaleco además de lindos zapatos y un hermoso sombrero.
Sonreí con cierta malicia y le dije:
-Es quien yo diga que sea y de todas formas no te es importante, porque aquí la pregunta clave es… quien carajos eres y como es que entraste.
El tipo me miro como escrutándome con los ojos y dijo tras soltar una bocanada:
-Soy quien soy y eso me basta, y si te preguntas por mi entrada, te diré que ha sido tan fácil como girar una perilla.
Era imposible.
Caminé a la sala sin decir una sola palabra y deposite el cuerpo de aquella chica despacio sobre un pequeño sillón blanco mientras pensaba en quien demonios podía ser aquel sujeto. A mi mente jamás vino una sola respuesta.

II.-Una charla incongruente.

Sucedió que mientras yo estaba con una rodilla sobre el piso y aún contemplando a la chica que había depositado en el sillón, el tipo del traje blanco había aprovechado para arrellanarse en un sofá a mis espaldas, y así pues, tras otra bocanada, había comenzado a hablar.
-Es una linda casa con lindas cosas, parece una buena vida. Eres un tipo afortunado.
-Sí, soy un tipo con mucha suerte, y sin embargo… estoy en mi sala con una chica borracha y un completo desconocido que al parecer esta aquí para hacer absolutamente nada sino fastidiarme.
-¡Ouch!, esos comentarios son muy hirientes. –dijo en un tono irónico mientras le daba otra fumada a su cigarrillo –En realidad… estoy aquí por motivos algo extraños y difíciles de explicar, pero claro, un motivo es un motivo a final de cuentas, así que no deberías ser tan rudo.
-Si tú lo dices.
En ese instante el tipo aquel se levantó del sillón y comenzó a caminar de lado a lado de la habitación haciendo todo tipo de preguntas, las cuales yo contesté como pude.
-¿Quién es la chica?
- … No lo se, pero igual no se quien rayos eres tu.
-Eso no te incumbe por ahora –dijo en un tono molesto y con la cara algo roja. –limítate a contestar mis preguntas.
-…
-¿Por qué no estas borracho?
-¿Por qué debería de estarlo?
-¡Porque bebiste demasiado chico listo! –me miró con cierta ira. –no creas que no se donde has estado y que has hecho, y no solo hoy, sino desde hace tiempo. Eres patético, simplemente lo eres.
-Claro –dije como si no me importase –y a ti te importa porque…
-No – me interrumpió con un grito –no es que me importe, sino que más bien quiero enjuiciarte –sonrió –¿Sabes? siempre me ha parecido divertido venir a mirar en persona los rostros incrédulos de algunas personas como tu que se creen especiales o intocables en la vida.
-No me creo intocable.
-No, solo bebes y desperdicias tu vida en fiestas, parrandas y mujeres, pero… ¿Te has enamorado? ¿Has sentido interés alguno por alguien que no seas tú? –Me miró con desprecio y contestó sin darme tiempo –No, tú jamás te has interesado por nadie que no seas tú, jamás te has enamorado porque no sabes sino amarte a ti mismo. Me das pena, no conoces el valor de tu propia vida, pero yo sí, y por eso mismo… es que he venido esta noche.
-Ya, claro, ahora todo tiene sentido ¿no? seguramente me dirás que eres… no se, ¿El diablo?, además, no se si te has dado cuenta, pero metí a una desconocida a mi casa solo porque estaba borracha y durmiendo afuera, ¿Acaso no cuenta eso como interesarse por alguien?
-Sí, cuanto altruismo, tu interés es apabullante –sonrió –te daré una estrellita para tu frente.
En ese momento nos distrajo un suspiro proveniente de la chica en el sillón quien dicho sea… se encontraba sentada ante nosotros mirándonos con unos ojos llenos de ternura, y entonces dijo:
-Me duele la cabeza, ¿no podrían bajar un poco la voz?
-No –contestó el de forma cortante pero amable.
En ese momento las únicas luces que quedaban encendidas en el mundo eran las de mi sala y las de las farolas en la calle.

III.- La historia de la bella durmiente.

-Yo era una dama lindísima –comenzó a decir sin tomar en cuenta al tipo del traje blanco –Sí, era lindísima hasta hace unos días cuando al pincharme el dedo con una rueca… morí.
-Está borracha –atiné a decir en ese instante.
-¿En serio genio?, yo pensé que más bien estábamos atrapados en una dimensión alterna y ella se había convertido de pronto en la bella durmiente.
-No estoy borracha –contestó ella de inmediato –Bueno, no mucho.
En ese momento ella extendió el brazo derecho mostrándonos una pequeña marca amoratada donde al parecer había entrado una aguja un incontable número de veces.
-Está drogada –dijo el tipo del traje blanco –¡Genial!, Tenemos una adicta entre nosotros, esto se pone cada vez mejor y se convierte en todo un circo.
Ella lo miró con curiosidad… y entonces preguntó:
-¿Quién eres tú?
-Querida, has favor de presentarte antes si quieres una presentación de mi parte.
-Me parece excelente entonces, mi nombre es… ¿Cuál era mi nombre Julián?
-¿Y yo como habría de saberlo? –contesté
-¿Quizás porque ya nos habíamos conocido antes?
-Ah claro, ¿Y como me dijiste que te llamabas mientras te recogía del suelo?
-Ok, perfecto, ¿Sabes, Julián? Si así lo quieres esta bien, te contaré una historia entonces a ver si haces memoria.
El tipo del traje blanco la miraba fijamente.
-Verás –continuó diciendo –quizás ya lo has olvidado querido, pero tú y yo nos conocimos una noche hace dos meses en un bar. Yo era la chica ebria que necesitaba un amigo… y tu el patán que se aprovecharía de mi estado –sonrío. Así que vamos Julián, ¿Quién soy yo?
-Disculpa, pero en dos meses se conoce a mucha gente y a decir verdad, no tengo tiempo ni estoy de humor para adivinanzas.
-¿Adivinanzas? Eres…
-Odioso –interrumpió el tipo del traje blanco mientras encendía otro cigarrillo.
-No, odioso es aún una palabra muy amable para el.
-Estúpido, torpe, aborrecible, ¿Escoria? ¿Una basura?, por favor, no soy yo el que culpa a los demás de su propia estupidez. ¿O es que acaso yo tengo la culpa de que te embriagaras tanto como para no saber decir que no? ¿No, verdad? Yo no te dije embriágate, yo solamente te di lo que necesitabas, calidez humana, un hombro para llorar tus penas… y mi tiempo, pero de haber sabido que esto sería así… entonces habría posado mis ojos en otra persona y mis manos en cuerpo ajeno.
Ella me miró con un desprecio indescriptible mientras su cara enrojecía y apretaba con fuerza los puños.
-¿Sabes a caso porque estoy aquí Julián? ¿Sabes porque llegue a esto?
-No, y a decir verdad tus problemas personales me tienen sin cui…
-No Julián, no, las cosas no son así –dijo antes de que yo pudiera terminar mi oración–¿Sabes? esa noche no necesitaba irme a la cama contigo, lo que necesitaba era un amigo, alguien que me escuchara, no un maldito mujeriego que se portara como un príncipe de una sola noche solo para acostarse conmigo –sonrío con una mezcla de ira y vergüenza. No tienes una sola idea de lo humillada que me sentí por ti.
-No, y no me importa.
-Pero claro que no te importa –dijo el tipo del traje blanco tras soltar otra bocanada –después de todo… tu solamente hiciste el daño. El resto no es problema tuyo porque no te afecta, ¿no?, es decir, no es lo mismo ser la victima que el victimario ¿verdad?
-Esto no tiene nada que ver con…
-Comencé a drogarme luego de esa noche –añadió ella con los ojos a punto de desbordársele.
-Yo…
-He luchado conmigo misma todos los días las 24 horas del día durante estos dos meses… por no venir a buscarte, por no sentirme una basura, y si bien tú no eras el problema inicial… al final fuiste el último punto de fractura.
-Lo siento.
-¿Cómo puede un hombre tan encantador como tu ser una basura así de grande? ¡¡Dime!! –Me gritó mientras lloraba -¿Cómo puedes vivir de esa forma tan cruel sin sentir remordimiento?
-… No lo se.
-Pero claro que no lo sabes –dijo el tipo aquel con una amplia sonrisa en el rostro y una evidente alegría reflejada –una persona como tu nunca podría saberlo, porque precisamente no le interesa. Así pues mi querido amigo, tu eres una escoria y solo eso.
-¿Escoria eh?
-Sí, me temo que no hay otra forma de llamar a una persona como tú que jamás ha desarrollado una conciencia porque no siente ni intereses ni culpas. No eres siquiera responsable de tus actos, solo eres capaz de pensar en ti y de velar por ti, y aún así… eres descuidado.
En ese instante mientras el decía todas aquellas palabras… mi pecho se sentía increíblemente pesado y mi mente vagaba por miles de escenas que confirmaban una a una sus verdades.
¿Y la bella durmiente? Ella solo miraba las luces a través de la ventana en silencio.

IV.-Presentaciones tardías y un juicio justo.

Yo estaba rendido y de rodillas sobre el suelo cuando una mano se extendió frente mis ojos, miré entonces a buscar a su dueño… y me encontré unos labios rojos que sonreían como si nada. En ese instante sentí como si todo el peso de mi cuerpo se hubiese desvanecido y proseguí a tomar su mano. Ella solo me miró con cierta ternura y dijo…
-No todos somos tan crueles como para dejar en el suelo a un hombre caído.
Sonreí.
En ese instante las luces se apagaron por completo y ella retiró su mano. El ambiente se puso completamente extraño. El frío inundaba la habitación a la par que un sentimiento de pesadez llenaba cada parte de mi cuerpo. Todo estaba tenso en ese lugar equiparable a la nada. Por un momento me pareció escuchar muchos susurros lejanos llamando mi nombre y sentí un horrible escalofrió recorrerme la espina. No estaba del todo equivocado. Mis ojos eran incapaces de ver algo, así que permanecí sin moverme de mi sitio, ahí, de rodillas sobre un suelo cada vez más frío en un lugar no identificado por las sombras que lo cubrían. No se exactamente cuanto tiempo pasé de esa forma, pero si se que lo sentí como una eternidad atorada en el fondo de mi pecho.
Los susurros fueron entonces interrumpidos por el sonido de unos pasos que hacían eco en una aparente distancia la cual resulto no ser más que si acaso unos cuantos centímetros. Mis ojos lograron reconocer una silueta entre la oscuridad. Era él, el tipo del traje blanco estaba de pie justo frente a mí y sin decir palabra alguna. Sentí entonces la palma de una gélida mano posarse sobre mi frente y echar mi cabeza hacia atrás para dejarme mirando a lo que sería el techo… si es que aún seguíamos en la sala de mi casa. Intenté entonces mover mi cuerpo con todas mis fuerzas, pero por más que lo intenté no fui capaz de hacerlo, así pues… quedé a merced del tipo del traje blanco.
Una voz rasgó nuevamente el silencio gritando mi nombre con total desesperación. Era ella, la bella durmiente estaba perdida entre las sombras pero aún buscándome.
-Tienes suerte muchacho, a pesar de todo… al parecer hay alguien que no te juzga tan severamente aún sabiendo la clase de basura que eres.
A lo lejos aún se escuchaba aquella voz gritando mi nombre.
-¿Juzgarme? ¿Quién eres tu para juzgarme sino un don nadie?
-Cierto, había olvidado presentarme. –Arrojó hacia mi rostro una bocanada más de humo de su cigarrillo –Verás, mi nombre es Azrael, soy mejor conocido como el Ángel de la muerte o un Memitim, pero en tu caso y dadas las circunstancias… supongo que puedes llamarme como te de la gana.
Tras aquella breve presentación Azrael dio un paso al frente saliendo así de la oscuridad que lo envolvía. Era como si su cuerpo emitiera una especie de luz tenue y no muy amplia, pero si lo suficiente como para permitirle a la bella durmiente el ubicarnos.
-Vaya, al fin los encuentro, ya comenzaba a pensar que quizás y me había quedado ciega por tanta maldita oscuridad… –sonrió.
La escena de ese instante quizás la sorprendió un poco, ya que casi al momento de vernos su sonrisa desapareció y una palidez total tomó posesión de su bello rostro.
-¡Julián! –dijo con notoria preocupación en la voz. –¿Qué esta sucediendo aquí? ¿Qué diablos esta pasando?
-Tu nombre es Ana, ¿No? –dijo el Memitim de cuyo dedo índice pendía una gota próxima a caer con rumbo directo a mi garganta.
-Sí… ¿Pero como podrías tu saber eso si yo jamás te dije mi nombre?
-Sucede mi querida Ana, que a pesar de lo conveniente que fue tu aparición en esta noche para así probar mi punto ante Julián acerca de si mismo, tú has quedado envuelta en lo que podría denominarse como un juicio, solo que en este caso, el juicio ya ha terminado y estamos por llegar a la condena.
-¿Condena? ¿Y se puede saber quien eres tu para juzgarle? No, no, espera, antes que nada, ¿De que rayos se le acusa y quien defiende su caso? –dijo ella en un tono extremadamente molesto mientras miraba con indignación al Memitim.
-Su caso ya ha sido revisado Ana, es más, tu colaboraste en la parte de probarlo culpable tras contarnos tu historia y lo que te hizo, y en cuanto al resto… Mucho gusto Ana, mi nombre es Azrael (o Samael) y soy un Memitim o Ángel de la muerte.
-Me importa un carajo tu nombre Azrael, si vas a juzgarlo esta bien, pero al menos hazlo de forma justa.
-¿Justa, dices?
-Sí –gritó con furia. –No es solo culparlo y mirar las pruebas en su contra como asumo que hiciste y en lo cual, sin saberlo, te ayudé, sino que también es darle la oportunidad de defenderse.
-¿Y es que la escoria como el puede aún ser defendida?
-Sí, todos podemos ser defendidos en un juicio así se tengan las peores pruebas en nuestra contra.
El memitim sonrió completamente ante esa frase y dijo en tono amable:
-Entonces, si las cosas son así mi querida Ana… ¿Te gustaría darme una lección y mostrarme como supuestamente deben hacerse las cosas?
-Sí –dijo ella llena de seguridad mientras sus ojos me miraban prometiéndome que nada nunca me sucedería. –Quizás Julián no es la mejor persona del mundo, pero tampoco creo que sea tan malo como se pensaría, sino que más bien… es descuidado por algún motivo, quizás inclusive temeroso de algo.
-Sí, lo de descuidado no cabe duda, es decir, en todo este tiempo jamás se tomó un segundo para darse cuenta de que con lo que bebió esta noche… apenas debería poder caminar.
-Sí, supongo que es verdad, aunque claro, no es que esta noche este siendo del todo normal, ¿No es así Samael? –Sonrió ampliamente.
-Diremos que en cierta forma tienes razón. Prosigue.
-Veras Samael, quizás a la hora juzgarlo… sus crímenes puedan parecerte muchos y la vez muy crueles, pero en este caso (estoy hablando de mí) sería injusto culparlo de todo a el, ya que en cierta forma, lo que el me hizo fue algo que yo jamás evité.
-Explícate.
-Aquella noche yo estaba con los ánimos caídos por diferentes cuestiones en mi vida y fui precisamente a ese bar a beber un trago e intentar olvidarme de todo por un instante, cosa que de hecho logré, aunque no del modo que esperaba. El estaba en la barra en ese instante, tan apuesto y tan… tan genial, tan agradablemente humano. Podría entonces decirse que fui yo la boba, porque al verlo así… yo misma fui quien se acerco para hacerle la platica.
Fue entonces cuando el comenzó a portarse como todo un caballero, a escucharme, a tocarme de forma aparentemente amable y desinteresada, como un viejo amigo que estaría dispuesto a siempre escucharte.
-¿Pero no fue así no?
-No –dijo ella con tono de decepción y arrepentimiento.
-¿Entonces cual es su defensa, querida?
-Que en realidad la culpa de lo sucedido fue también mía.
-¿A que te refieres?
-Yo fui quien se acerco, fui yo quien confió en el, y finalmente… el jamás me obligo a nada. Yo siempre tuve el derecho y la opción de negarme a estar con el, pero no lo hice, yo misma no le puse un alto a las cosas, yo misma le permití dañarme, yo misma… me hice daño.
-Entiendo…
Las lágrimas corrían por el rostro de la bella Ana mientras el Memitim guardaba un silencio sepulcral aún con la gota pendiendo de su dedo.
-¿Sabes? –Dijo de pronto –Me parece interesante la forma en que a pesar de todo lo defiendes, es decir, a pesar del mal momento, de la humillación, de las consecuencias de sus actos… tu aún eres capaz de defenderlo como si lo perdonases todo a pesar de tu recientemente adquirida adicción a las drogas.
-Es que lo hago –dijo ella seriamente mientras intentaba secarse las lágrimas a toda costa.
-¿Es que acaso crees que el haría lo mismo estando en tu lugar?
-No, –replicó ella –pero el no es yo.
-Claro, porque a el no le importas en absoluto, porque a el no le importa absolutamente nadie que no sea el mismo, porque el es solo una basura.
-¿Y tu jamás te has puesto a pensar en el porque de su actitud con el mundo?
-No me gusta malgastar mi tiempo en tonterías, disculpa.
-Excelente entonces, porque acabas de probarme que quizás eres igual a el.
-¿A que te refieres con eso?
-Fácil, –declaró ella con confianza –acabas de probarme que a ti tampoco te importa nada que no seas tú mismo, es decir, no sabes nada acerca de tus victimas, y sí, recalco la palabra “victimas”, porque en tu juicio no hay sino eso, gente que tu mismo ya has decidido que es culpable sin siquiera haber investigado los motivos.
Ella le miraba con suprema superioridad, como si le hubiese asestado el golpe final con aquellas palabras tan directas y fuertes que había pronunciado sin el más mínimo reparo.
-¿Y es que acaso tu si sabes algo acerca de el?
-Mucho me temo que si mi querido Samael.
-Si es así… supongo que tendrías entonces toda la razón en cada una de las cosas que has dicho en, y acerca de su defensa.
-¿Eso significa que…?
El Memitim, sin mediar palabra, dejó caer desde su dedo la gota que pendía en dirección a mi garganta para darme el gusto a muerte, pero justo en el camino, esta misma fue interceptada por el movimiento oportuno de su otra mano.
Ana lo miraba desde su lugar con un temor plenamente reflejado en su rostro y un nerviosismo total.
-Eso significa, mi querida Ana, que tú y tu amigo Julián aún podrán seguir caminando al mismo tiempo por esta vida en vez de solamente encontrarse una vez más en la siguiente.
Ana sonrió mientras yo sentía la inmovilidad de mi cuerpo disiparse y los otros sentidos desvanecerse.

V.-Explicaciones y finales felices.

Era temprano por la mañana cuando nos despertamos. La luz del sol entraba por la ventana iluminando cada rincón de la habitación antes consumida por las sombras… y el mundo seguía su curso como siempre, como si nada más nunca hubiese sucedido. Ana estaba frente a mí, con esa mirada tierna y suave que aquella noche había sabido apreciar pero que nunca valoré. Extendí mi mano hacia su rostro y le acaricié la mejilla mientras le daba las gracias por haber estado conmigo en todo eso a pesar de mi terrible comportamiento hacia ella en el filo de aquella noche. Ella sonrió como una niña tras haber hecho algo bueno por alguien y descendió desde su lugar en el sillón para estar conmigo. En ese instante señale la parte amoratada de su brazo y ella dijo:
-Lo se, no te preocupes, trabajaré en ello y estaré bien de ahora en adelante.
-Trabajaremos y estaremos –la corregí.
Ella sonrió aún más y me estrecho con fuerza.
-¿Por qué dirías tu algo así Julián?, Es decir, ¿Normalmente no te interesarías por nadie o si?
-Probablemente no –contesté –pero me has dado motivos para interesarme ahora por ti.
-Si es por lo sucedido… preferiría que no me hicieras favores Julián, no lo hice para obtener una recompensa.
-No, –le dije mientras sujetaba su mano –no es por eso Ana, es porque justo ahora creo que lo vales.
-¿Lo valgo? –preguntó con sorpresa.
-Sí, así es.
Se hizo entonces un profundo silencio entre nosotros y ella pareció dubitativa, como si aún no terminase de creer en mis palabras, así que me acerque despacio a ella y en cuanto estuve lo suficientemente cerca… le robe un beso. Ella correspondió ese beso sin queja alguna, pero justo al terminar y cuando ella intentaba pronunciar alguna palabra, la interrumpí:
-¿Sabes? Nunca me ha parecido que el amor sea algo real en el mundo, me refiero, todos hablan de ello, todos dicen que es una maravilla, pero al mismo tiempo cada quien hace de el lo que le da la gana sin realmente pensar en el resto (o en este caso, su pareja), así que siempre he pensado que es mejor no amar para así evitar salir dañado, no acostumbrarse a una persona para así no terminar por extrañarla, no quedarse lo suficiente como para permitirte ser engañado, ni mucho menos para pensar tu mismo en engañarles y dolerte si lo haces.
Esquivé la mirada.
-Julián… te investigue un poco y se por todo lo que has pasado –dijo mientras sostenía mi rostro entre sus manos –pero esa forma de pensar no fue la mejor idea que pudiste haber tenido.
-Lo se, pero al menos me hizo la vida un poco más sencilla.
-¿Tanto como para terminar siendo juzgado por un ser fantástico?
-… No sabría que decir al respecto.
Se hecho a reír de forma completamente estridente.
-No te preocupes, a final de cuentas…no ha sido tan mala la experiencia para nadie.
-Claro –le espeté a regañadientes –es fácil decir eso cuando no es tu vida la que ha estado en juego.
-Calma Julián, nada ha pasado ni pasará de ahora en adelante, mejor olvídate de ello y dime que haremos ahora.
La miré con ternura.
-¿Sabes? La noche en que te conocí me gustaste, pero al mismo tiempo me dio miedo descubrir ello, porque quizás quedarme más de lo acostumbrado contigo… se habría convertido en un problema demasiado grande.
-Entonces… ¿Debo entender que seré un problema para ti?
-No, justo ahora pienso que más bien sería un honor que me dejases tenerte cerca…
Ella se lanzo a mis brazos con una expresión por demás alegre y me beso de nuevo sin dejarme decir nada más.
La mañana era cálida como sus labios mientras nuestra historia comenzaba a escribirse sobre aquellas páginas blancas tras miles de trasfondos y jugadas erróneas… que habían terminado por llevarnos hasta esa escena que sería apenas el inicio de todo. A partir de ese día, yo he dejado de tirar mi vida en borracheras y relaciones de una noche, y más bien me he dedicado a acompañar a Ana en cada paso para rehabilitarse y construir juntos nuestras vidas. Y con eso último no me refiero a casarnos o algo así, sino a que hemos seguido saliendo y haciendo las cosas juntos para poder mirar hasta donde podría llegar nuestra relación, y entonces, cuando sepamos eso y estemos seguros de las cosas, entonces sí quías pensaremos en aquella forma cursi de construir juntos nuestras vidas.


Fin.

-Acerca de la vida y los excesos-

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