domingo, 16 de enero de 2011

Y vi morir a una polilla.



Y vi morir a una polilla.

Esta noche me hube sentado a la intemperie bajo las estrellas, encendido una fogata y quedado ahí, rodeado de la más apacible oscuridad, pero protegido por el fuego de la hoguera. Sucedió entonces bajo la mirada muda de las estrellas… que una polilla se abalanzó sobre la llama y fue consumida al instante, sin sonido alguno o grito proferido, sin lamentaciones, sin miedo.

Ese breve instante se hizo ante mí la metáfora perfecta de aquel nosotros, de ese pasado nuestro que tanto me aferré y que tanto más me costó soltar. Ese pasado punzante, doloroso y ciertamente aborrecido. Ese error fatal para el corazón, aquella bala perdida que jamás debió haber sido. Ese sueño tan engañosamente parecido a la perfección. Sí, fui yo la polilla aquella vez, y tú la llama bajo la mirada muda de las estrellas. Fui yo quien atraído por tu luz… se incendió en tu cuerpo y se perdió por siempre en algún punto de la nada, sin sonido alguno o grito proferido, sin lamentaciones, sin miedo, sin nada.

Hoy me queda el recuerdo de la vida previa en una copa de vino tinto, en los labios que la tocan, en el dulce sabor del mismo. Y tras toda esta fachada, una polilla incendiándose ante las llamas de una luz que no sabe de benevolencias.


-Y vi morir a una polilla-

1 comentario:

  1. Muy bueno, me ha gustado mucho. Y muy bien también la foto del baño, je, je.

    Desidiactivo

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