lunes, 21 de marzo de 2011

Perspectiva de un lugar sin gente.

Perspectiva de un lugar sin gente.

“Habría sido mejor quitarse las máscaras por una sola noche y dejar de lado las mentiras, pero aún obsesionados con encajar en este mundo humano… preferimos seguir sus pasos y dejarlas puestas”.

El viento era frío aquella tarde sobre el punto de encuentro, los árboles se mecían despacio esparciendo sus hojas por el suelo mientras te esperaba inmóvil y con la vista fija en el objetivo.
Eran casi las 4:00 pm. Habías llegado justo a tiempo y llevabas ya desde entonces aquella sonrisa falsa. Me aproximé a recibirte antes que nadie y te murmuré al oído.

-¿Estas segura de querer hacer esto?
-Sí –respondiste de inmediato. –¿Es que acaso te has arrepentido de algo?
-No tendría porque hacerlo.
-Mmm… Siempre me han causado extrañeza tus reacciones, es decir, jamás he podido saber lo que estas pensando.
-Quizás sea mejor así, porque de otra forma… Probablemente terminarías por despreciarme.

En ese instante sonreíste sin decir más y seguiste tu camino. Los otros invitados comenzaban a llegar y se amontonaban para saludarse los unos a los otros formando un grupo medianamente grande a plena calle. Todo estaba dicho, y sin embargo… Aún había palabras escondidas en el aire. Al poco rato salieron a recibirnos los dueños de la casa. La fiesta estaba por comenzar y los ánimos estaban a tope al igual que las expectativas. Todos sabían muy bien como eran aquellas fiestas y hasta donde los límites se volvían importantes. Así pues, todos estaban listos para divertirse.

Tú solías escabullirte con tus amigas, que eran más tranquilas, a cuchichear por todos lados de cosas sin importancia, yo por otra parte… Solía apegarme a mis compañeros y terminar hablando de bobadas con mis amigas. El tiempo pasaba realmente rápido y las estupideces no se hacían esperar, así que nosotros terminábamos mojados de los pies a la cabeza y formando equipos para jugarnos un partido de soccer entre hombres y mujeres. En esos momentos tu solías mirarme con algo de desapruebo como si fuese un chiquillo haciendo algo indebido, pero luego sonreías y te acercabas para decirme algo en un tono tierno o a veces para hacerme una broma mientras me acariciabas con cariño la cabeza. La gente solía mirarnos raro por el simple hecho de que yo te dejase tocarme, ya que era sabido por todos que siempre hube odiado hasta el más mínimo contacto, pero en tu caso… Simplemente no me causaba nada el que hicieses ello. Ese día sin embargo, tú y yo no nos quedamos mucho en aquella fiesta, puesto que solamente había sido un pretexto entre ambos para lograr estar fuera de casa.

Esa tarde nos escabullimos por a través de las calles y sus escaleras hasta llegar al centro comercial. Eran las 5:30 y te veías linda. Aún recuerdo la ropa que llevabas aquella vez. Te veías hermosa en aquellos pantalones beige con montones de bolsitas y con ese suéter azul cielo arremangado y de pronunciado cuello redondo. Sí, esa tarde la habíamos marcado entre nosotros para al fin tenernos en una cita sin molestias, solo que… Quizás y aún sabiéndolas… Yo no contaba del todo con tus intenciones.

El viento había comenzado a enfriarse más por esas horas, pero aún ello no te importaba y a mi menos, así que decidimos hacer un recorrido y entrar al cine al terminar. La película no fue realmente divertida, pero eso poco importaba en aquel instante, lo único que te importaba… era aquello que tenías desde hace algunos días ya en la mente.

Al término de la película salimos a caminar un rato. No hubo palabras y simplemente me besaste en silencio mientras me tomabas de la mano para llevarme a algún lado. La vista ante mis ojos fue sorpresivamente increíble a pesar de ya habérmelo esperado. Una mirada picara adornaba tu rostro bajo aquel cielo oscurecido mientras tu mano derecha señalaba algún inmueble y tu mano izquierda se aferraba ante mi manga como si fueses una pequeñuela. Un restaurante de comida china era todo aquello que adornaba en ese instante mi mirada.

-Mmm… La verdad es que nunca he probado la comida china, así que…
-No bobo, no me refiero a eso sino a…
-¿No lo has olvidado no?
-… No, pero igual no importa, porque estoy segura de que esto es lo que quiero.

Eran las 7:20 cuando entramos en aquel recinto. El ambiente era tranquilo mientras se tensaban nuestros corazones. Habría sido mejor quitarse las máscaras por una sola noche y dejar de lado las mentiras, pero aún obsesionados con encajar en este mundo humano… preferimos seguir sus pasos y dejarlas puestas.

Te dirigiste sin vacilar hacia el encargado, y en un breve intercambio de palabras… tenías la llave al cielo colgando de tu mano. Las puertas fueron abiertas mientras tu beso buscaba expandirse por mi cuerpo y estallarme en mil pasiones. Las prisas reinaban por tu piel que se estremecía a cada instante y ante cada roce. Los sonidos se intensificaban entre esas cuatro paredes sin darme oportunidad alguna de rectificarme. Tu cuerpo caliente se hacia sentir por a través de la ropa mientras tus manos buscaban hacerse camino por debajo de la mía. La respiración se hacía pesada y cada vez más fuerte. El sudor asomaba por tu cuerpo en finas gotas mientras tu voz se hacia susurro y se arrastraba entre palabras diversas buscando provocarme. Tu cabello quebrado se enredaba entre mis dedos mientras tu olor a flores viajaba a través de mi olfato, una nube azul paso volando ante mis ojos... Y entonces, sin más, tus pechos florecieron hermosos delante de mis manos. El frío en las calles no era sino un recuerdo que se perdía distante ante aquella noche bajo el peso de tu cuerpo sobre las sabanas de una cama en un lugar olvidado.

Recuerdo tu rostro en ese instante, aquella mezcla de emoción, miedo, y añoranza… que a su vez me hacia pensar de alguna forma en una especie de confusa y ciertamente enfermiza forma de esperanza. Es así como el paraíso puede volverse en dos segundos el infierno, y es justamente así como todo sucedió entre nosotros cuando las palabras escondidas en el aire al final se aparecieron.

-¿Qué pasa? –preguntaste.
-Quizás un poco de todo y a la vez un poco de nada.
-Por favor, no bromees con esto, es importante para mí.
-Sí, y para mí también, es por eso precisamente que me detengo ahora en vez de esperar más tarde.
-¿Que diablos te pasa? –Preguntaste molesta mientras te cubrías el cuerpo con la cobija –¿Es que acaso no te gusto?
-An, esto no es respecto a mis gustos a pesar de que entran también ahí.
-¿A que demonios te refieres? ¡Explícate de una maldita vez!
-An… Hay cosas que simplemente deberían quedarse como están.
-Basta, ¿Quién carajos te has creído para hacerme esto? ¡Contéstame!
-… No voy a pelear contigo justo ahora, ni mucho menos por un tema como este.
-Cobarde, eso es lo que eres, un maldito cobarde. –Unas lágrimas rodaron por tu mejilla en ese instante.
-Probablemente si, pero al menos no soy yo quien esta pensando en acostarse con alguien solamente por el simple hecho de que sus amigos y compañeros le hacen burla por x motivo.
-…
-No, no, no te quedes callada justo ahora. ¿Acaso pensaste que no me daría cuenta? –Sonreí –Al final… todas las personas son iguales, burdas y superficiales, engañándose a si mismas, temiendo estupideces, haciendo estupideces, contradiciéndose solas, siendo convenientes.
-¿Y es que acaso tu te sientes mejor que todos?
-¿Yo?, yo no siento nada. ¿Querías saber sobre mis gustos y motivos? Perfecto An, mis motivos para no estar contigo son precisamente que: 1)No voy a cooperar con algo de lo que quizás luego te arrepientas y que solo haces por una estupidez. 2)No siento nada por ti, no me causas nada, porque si bien eres bonita, eso no es suficiente para hacerme sentir algo, porque ¿Sabes? quizás y ni siquiera soy capaz de sentir nada por nadie, porque tu gente, tu mundo, todo ello, no me agrada mucho que digamos, porque si bien no soy superior a nadie, al menos intento apegarme a un camino correcto y justo para todos y no solamente un camino conveniente para mi. Esa es la diferencia entre la mayoría de ustedes y yo. Y sí, puedes mirarme raro y pensar lo que te venga en gana de mí, pero la verdad es An, que tu misma te darás cuenta pronto del tamaño de tu estupidez, y entonces tal vez, te detendrás a pensarlo y te darás cuenta de que sea como sea hoy te he hecho un favor.

En ese instante te levantaste de la cama con el cuerpo envuelto entre las sabanas y caminaste hacia mí sin mirarme y con la cabeza baja. Unas lágrimas cayeron contra el suelo y de pronto te detuviste.

-Eres un bastardo –dijiste entre sollozos –un bastardo y solo eso.
-Sí, y puedes odiarme cuanto gustes, ello me tiene sin cuidado justo ahora.

Una mano surcó el aire y la sentí fuertemente contra mi mejilla. Me habías abofeteado.

-¿Y porque diablos has estado conmigo todo este tiempo entonces?
-Porque tu me lo pediste y yo no tenía nada mejor que hacer ni un motivo real para oponerme.
-Eres… –dijiste mientras apretabas fuertemente el puño.
-Sí, probablemente soy eso y mucho más, desafortunadamente para ti, ello tampoco me interesa justo ahora, y si te soy honesto… no creo que a futuro llegue a interesarme tampoco –sonreí.
-No, solo eres un hijito de papi con miedo a todo y un ego inmenso que jamás podrá amar a nadie ni ser amado, porque simplemente no mereces nada que no sea estar solo por el resto de tu vida. Eso es lo que eres y me alegra que no te importe, porque al menos así ya estarás preparado para poder sobrellevarlo sin necesidad de ayuda.
-… Quisiera poder saber que es lo que debería sentir en este instante, pero me temo que no puedo.
-No te esfuerces, no hace falta que rebajes a mi nivel por una tontería.
-… Lo siento.
-No, no lo sientas, al menos por una vez has sido honesto con respecto a ti mismo y el resto del mundo que tanto odias. ¡Felicidades! Estas jodido.
-… Te dije que terminarías despreciándome, ahora vez que no me equivoque.
-Sí, –me dijiste mientras terminabas de vestirte –que te aproveche.

Tras aquellas palabras procediste a abandonar el cuarto dejándome completamente sólo. Yo me quede ahí en silencio por un rato sin saber aún que sentir con respecto a todo. Quizás y al final… Todo aquello que dijiste sea simplemente lo correcto, pero aún con ello… Hay muy pocas cosas a las que podría aferrarme en esta vida, así que al final, quedarme solo es solamente una probabilidad más que no me causa ningún problema, porque de todas formas siempre me he sentido sólo en un lugar sin gente.

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