lunes, 2 de mayo de 2011

Carta de amor y muerte.

Carta de amor y muerte.

A quién corresponda:

Yo maté a Berenice Suarez, su cuerpo yace junto al mío en este instante mientras usted lee y relee una vez tras otra esta carta que gentilmente le ha sido entregada por mi querido amigo y confidente Alonso. El no sabe nada acerca de su contenido, pero usted se lo dirá todo en un instante, cuando eso suceda… Vaya, creo ese detalle es mejor reservarlo aún por un instante. En fin, usted leerá esta carta despacio intentando asimilarlo todo palabra por palabra, pero por un instante se dará quizás el lujo de pensar que todo es una broma, un chiste formulado con la total intensión de molestarlo, y en el fondo lo estará, estará molesto y probablemente pensando que Alonso esta metido en ello, pero luego de un instante… Usted simplemente se quedará mirando fijamente a mi querido amigo y esperando cualquier nota de un error o nerviosismo, pero al cabo de unos segundos… No le quedará más que aceptar la noticia como tal, entonces palidecerá de forma notoria ante los ojos de mi amigo, su mano derecha surcara el espacio rumbo al pecho, y ahí, sus dedos presionaran notoriamente justo sobre el lugar de su latido, habrá un vacio en el centro de su pecho, una especie de nerviosismo casi seguridad… de que algo esta mal y usted esta a dos segundos de romperse. Lo hará, se romperá despacio frente a Alonso, quien dicho sea, lo sostendrá por el brazo justo antes de que sus rodillas logren llegar al suelo, cuando eso suceda, lo más probable es que Alonso le pregunte algo como: “¿Esta usted bien?” o algo parecido. En ese instante usted no será capaz de pronunciar palabra alguna, así que le tenderá la carta que aún sujetaba en su mano luego de aquel drama, el la tomará despacio y comenzará a leerla con escepticismo, lo primero que leerá será “Yo maté a Berenice Suarez”, en ese momento el también palidecerá y se irá de espaldas contra el sillón que esta justo contra su pared bajo el marco inferior de la ventana, su voz se cortará entre cada frase mientras el niega que sea posible tal afirmación, intentará moverse, pero estará lo suficientemente descoordinado ante la sorpresa, que parecerá más bien un recién nacido moviéndose en la cuna a la mitad de un llanto, al poco tiempo se levantará del suelo y saldrá corriendo en dirección a mi casa, ahí no encontrará nada sino abandono, pero igual se quedará un rato gritando maldiciones a mi nombre y llorando como un idiota o quizás como el querido amigo que siempre fue para mi. En cuanto a usted… Usted simplemente llorará de rodillas en ese sitio, sin pronunciar palabra y sin moverse, con una ira mezclada entre otras varias emociones, entonces simplemente, usted seguirá leyendo la carta e intentando hacerse una idea clara de las cosas, en todo caso, seguiremos así:

“Yo maté a Berenice Suarez, lo hice consciente de su posición social a la par que su estado civil, la he matado por amor o quizás por celos, por ser de otro y nunca mía, por amarla y saber que me amaba pero nada podía. La he matado porque la quería, porque los celos vienen siempre como compañeros involuntarios del amor”.

Tras este párrafo, usted arrugará la carta entre sus dedos y maldecirá mi nombre, golpeará el suelo con todas las fuerzas de su mano, luego unas lágrimas escurrirán por sus mejillas, y como un niño llamando entre sollozos a su madre, usted dirá su nombre mientras hace la típica pregunta “¿Por qué Berenice, porque me hiciste esto?”, entonces su llanto se volcará en una cólera, y de alguna forma gritará ahora maldiciones en su nombre. Esto durará tan solo un breve instante, luego de ello se levantará con el llanto contenido y buscará a sus hombres de confianza, les ordenará la búsqueda de los cadáveres, y entre ello, la pronta eliminación de mi cuerpo sobre el de su esposa. Pasarán algunas horas antes de encontrarnos, así que para evitar eso y por amor y respeto al cadáver de mi adorada Berenice… le facilitaré yo mismo los datos para que no sufra su cuerpo desnudo a la intemperie.

“Mi amada descansa en un jardín de rosas bajo el manto de mi cuerpo, se le mira hermosa bajo las estrellas de un cielo iluminado para ella, sus labios siguen rosados y tibios, su beso aún se encuentra fresco en la memoria”

Seguramente aún con ello le tomará algunos minutos darse cuenta, lo analizará en su mente una vez tras otra sin resultados, entonces, cuando usted esté por rendirse, alguien entrará por su puerta diciéndole que ha encontrado los cadáveres, será Alonso, mi querido Alonso, porque el siempre fue bastante listo y me conocía demasiado. Al poco rato usted y el saldrán hacía el convento añejo, aquel que nadie usa pero sigue intacto con excepción de las enredaderas que lo han invadido a la par de las rosas. Ahí en centro estaremos nosotros dos, con las manos estrechadas y yo durmiendo en paz sobre su pecho, felices a final de cuentas, juntos como debió haber sido en vida.

Alonso correrá a vernos, intentará hablarme y mover mi cuerpo como buscando despertarme. No habrá respuesta alguna.

“Yo maté a Berenice Suarez, la maté para hacerla libre, porque ella me amaba y yo la quería, porque ella me quiso y nos amaba juntos, porque yo la amaba y usted no la merecía, porque ella era ella y nunca lo fue suya”.

“Sí, yo maté a Berenice Suarez, pero no por molestarlo, sino porque ella misma lo quería”.

Así pues y tras todo esto, usted simplemente dará la orden de quemarnos juntos, no como una alabanza hacia el amor, sino como un castigo a los pecadores por su mano. Alonso será a quién usted envíe a prendernos fuego, no será justo, pero al menos para mí será algo grato. “Alonso amigo mío, Alonso mi querido hermano, hoy estamos juntos, hoy tú eres el testigo de un amor al fin logrado, danos entonces, la libertad que tanto hubimos deseado”.

Alonso… Gracias por todo y ojala puedas algún día perdonarme por el mal rato.


“Berenice… Somos libres ahora y para siempre”.


A quién corresponda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario