lunes, 13 de junio de 2011

Incoherencias personales.

Incoherencias personales.

Escaparon de mi corazón las emociones bajo la luz oscura de un foco inexistente, el tiempo era una eternidad a cada paso, los días se prolongaban sin más al infinito.

En una casa había una silla, la luz se filtraba por atreves de las cortinas en un silencio tibio como los pétalos de una rosa, mi abuela estaba ahí, pero nunca pude besarla como alguna vez había querido.

A lo lejos sonaba una hermosa melodía, la voz de una mujer con soltura el sonido acompañaba, un gato se movía entre las hojas, fue así el canto de una urraca.

Recuerdo los ojos de mi hermana dormida, un azul claro como ningún otro, y luego, bajos sus parpados, ni idea.

El llanto de un bebe surcaba el cielo, mi corazón latía con fuerza mientras los tambores se apagaban a mi paso. Soy Omar y soy el viento en movimiento, soy el todo y soy la nada.

Una paloma al vuelo en una esquina, su pico roto y una pata ensangrentada, el mundo era un tapete sucio, mi mirada se extendía al fin sobre la nada.

En el desierto las plumas de una golondrina, un ojo atento que a lo lejos me miraba, la voz dormida del silencio, una mujer que tras el tiempo me esperaba.

En el resquicio de una puerta, mi corazón con su latido, en mi pecho una silueta se movía, un cuervo con su pico se adentraba.

Del viento soy y al viento vuelvo, un cuervo rojo en el viento su morada, en el desierto, allá en la nada, un cuervo rojo y solo eso, ahí, en el deserto a mi corazón el viento llama.