viernes, 1 de julio de 2011

Por siempre.



Por siempre.


Mientras su mirada descendía apagándose despacio y perdiéndose en la nada el la tomó despacio por la mejilla, su mano tibia la despertó por un momento y entonces se obligo a mirarle. Una lágrima escapaba de sus ojos en ese instante.

-¿Acaso vas a dejar que termine de esta forma? No puedo creerte, ¿es que acaso no valemos lo suficiente como para luchar por esto?

Ella lo miró en silencio por un instante, su mano seguía ahí, sosteniendo su rostro y buscándole en el fondo sus verdades. Aquel príncipe azul estaba ahí, frente a ella a pesar de todo, y aún así, ella no pudo evitar esquivarle la mirada. El tiempo pasaba despacio y el silencio acrecentaba, el frío de la noche le calaba los huesos, pero ante todo, era aún mucho más pesado el frió entre los cuerpos inertes que se disputaban el sentido de las cosas. Una melodía distante flotaba por el viento, el sonido de un vals antiguo o quizás el murmullo de la despedida. Todo estaba dicho, y sin embargo… sin embargo a veces las cosas no son lo que parecen.

La tomó de súbito por el brazo, y en un movimiento veloz, sus labios se encontraron con los suyos. El príncipe la había besado nuevamente, nuevamente como todas aquellas veces cuando la noche caía y el se acercaba a despedirse, nuevamente como todas aquellas veces frente al rio, como aquellas veces cuando entre los dos se hacia silencio. Era increíble, pero el estaba ahí pidiendo más, con esos ojos llenos de fuerza que siempre le gustaron y que ahora parecían ahogarse por un instante en desasosiego. El amor se desbordaba en esos ojos, la mirada honesta parecía despedirse ante as puertas de la muerte, pero a pesar de todo, el seguía ahí por y para ella.

-No voy a soltarte –le dijo en un murmullo –no voy a soltarte ni hoy ni nunca porque tu lugar es conmigo, no voy a soltarte, porque si te suelto… moriré en este instante.

Sus ojos se abrieron tan grandes y hermosos como eran en ese instante, las piernas le temblaban mientras le miraba directo a los ojos como si buscase una última palabra perdida entre las otras, una lágrima más rodo entonces por su mejilla, y de pronto, lo abrazó sin más como si eso hubiese sido lo que toda la vida hubiese deseado.

-Te amo –dijo el joven sin pensarlo. –Te amo por siempre y mi vida va contigo, si te vas…

Ella le interrumpió en ese instante colocándole el dedo índice sobre los labios. Lo beso despacio bajo la luz de la luna mientras sus siluetas escapaban por en medio de las sombras en algún lugar olvidado.

-Lo se –le dijo ella. –hoy lo entiendo más que nunca.



Fin.

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