lunes, 4 de abril de 2016

De ironías y personas harto afortunadas.


De ironías y personas harto afortunadas.
(Y otras que ni tanto)


-¿Alguna vez has estado enamorada? -Le pregunté de pronto mientras caminábamos el uno junto al otro aquella tarde a la salida del colegio.

-Sí -me respondió a la vez con un suspiro largo y triste -alguna vez, de la persona equivocada.

-Pues entonces esa persona debe ser realmente afortunada, ¿no lo crés? -le solté de pronto mientras ella seguía andando sin percatarse de mi resago en el camino.

Ella se detuvo entonces abruptamente, quizás sorprendida por mis palabras, quizás alagada por lo que pudieran haber significado en su cabeza hasta cierto punto. Así y todo, se giró despacio a mirarme, confundida al parecer, indecisa acerca de atreverse o no a preguntarme los motivos de mi comentario absurdo. Y sin embargo... a los pocos segundos, y viéndose atrapada ante mi mirada curiosa, tornose de pronto en una chiquilla coqueta, de esas que juegan a provocarte con su voz más dulce y sus miradas más cautivadoras. Se acercó despacio entonces, midiéndome, jugando con mis sentidos e intentando atraparme en su juego de seducciones para hacerme quedar como un idiota. Así pues, estando frente a frente y muy de cerca... la chica lista hubo soltado la pregunta:

-¿Por qué? -me dijo casi besándome y con la voz más queda que le fuese posible en ese instante.

Su aliento se enfrentaba cálidamente con mis labios, y claro, mentiría si dijera que no me moría de ganas por besarla, pero, evitando la catástrofe de perder una guerra ante aquella mujersita latosa, y haciendo gala de mi eterna falta de tacto y de galantería, le respondí (Y esto con la mayor de mis sonrisas), que:

 -Ha de ser maravilloso ser querido por tanta gente en este mundo, ¿no crés?, pues todos en algún momento nos hemos enamorado de la misma persona, la persona equivocada.

Su cara seductora pasó entonces por más fases, primero una de seriedad extrema y a la vez intriga, y luego... a una risa alegre y estridente mientras captaba el sentido de la frase entera y me jalaba para caminar el resto del trayecto tomados del brazo bajo el sol de aquel verano ardiente.

Y es que a veces es difícil enamorarse tan perdidamente... de una mujer que te mira menos como un posible pretendiente y más quizás como un hermano, mientras mira a cada tanto y al cruzar la calle... a aquel maestro mayor y a la vez sofisticado... que le atrae tan ciegamente, a pesar de saber que nunca le hará caso.


-Fin-

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